El recuerdo de un grande: Osvaldo Pugliese, un maestro que dejó su huella

Estaba por cumplir 90 años y era uno de los más grandes intérpretes y compositores de tango. El 25 de julio de 1995 falleció a los 89 años en una clínica de Buenos Aires. Ese día pasó a ser una leyenda, y quedar como el director de la última orquesta típica del tango, que presentaba un carnet de 55 años de vida. El pianista fue autor de obras inolvidables, como su himno: La Yumba o Recuerdo, La Beba, Negracha, Malandraca…

Al fallecer, Pugliese venía de superar una obstrucción intestinal, luego de una operación en una pierna, hasta que su corazón dijo «basta».

Su orquesta

Su orquesta se presentó hasta poco antes su muerte con la clásica formación de cuatro bandoneones sentados, los cuatro violinistas parados detrás, un contrabajo y el maestro al piano, ya casi sordo, pero oyendo toda la música hasta en sus notas más sutiles. Por ella pasaron cantores de la talla de Roberto Beltrán, Roberto Chanel, Alberto Morán (desde 1944), Jorge Vidal, Jorge Maciel, Miguel Montero, Alfredo Belusi, Adrián Guida y Abel Córdoba (éste último cantó durante 30 años en la formación).

Todo el mundo lo llamaba Maestro, y fue muy querido por su sencillez, humildad y talento. Además fue un símbolo de la militancia política y la lucha contra la dictadura y todas las formas del fascismo.

Compromiso social

Afiliado al Partido Comunista desde 1936 nunca dejó su militancia. Por ella fue perseguido, encarcelado y colocado en una lista negra por el peronismo y los gobiernos militares que le sucedieron hasta 1973.

Cuando Juan Domingo Perón regresó al país desde su exilio en España lo convocó con otros artistas. Pugliese recordaba que aquella noche, al saludarlo, Perón se acercó para decirle al oído: «Gracias por perdonar», recordó una publicación del diario español El País.

El piano, su primer amor

Osvaldo Pugliese nació el 2 de diciembre de 1905 en el barrio porteño de Villa Crespo, en el seno de una familia de músicos. Su padre, Adolfo Pugliese, tocaba la flauta en los conjuntos de barrio. Sus dos hermanos mayores, Vicente Salvador y Alberto Roque, también eran músicos.

Su padre, lo impulsó al mundo de la música, le compró un violín y lo envió al Conservatorio Odeón del barrio de Villa Crespo. Pero en este lugar encontró el instrumento que sería parte de su vida y su primer y gran amor: el piano.

Estudió con grandes maestros como Vicente Scaramuzza y Pedro Rubione, con los cuales se convirtió en un extraordinario pianista.

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