Se estrena hoy el final de una saga sangrienta y exitosa: La última batalla de Rambo

Hay pocas sagas en la historia del cine que se comentan con el corazón. Se deja de lado el criterio cinematográfico, las cuestiones de actuación, guion, raccord, fotografía y arte; y se juzgan con la piel, con el sentir. Y sin duda las «Rambo» entran en este marco.
Qué sentido tendría juzgar la interpretación de un actor que marcó una época y que a fuerza de ingenio y de crear personajes icónicos se hizo un lugar en el Olimpo del séptimo arte, aunque los eruditos lo sigan cuestionando. Demostraría no entender nada si evaluáramos un libro que lo único que pretende es corroborar que nuestro héroe continúa más vigente y sanguinario que nunca.


Aunque sí podríamos destacar que en pos de sorprender y manifestar que todo vale, su mentor, el gran Sylvester Stallone, rompe todos los códigos. Y quien nunca debería morir, muere, implacablemente.
Si mató a Apollo Creed en «Rocky IV», qué le importa matar a quien conocimos hace minutos en «Rambo: Last Blood», aunque repitamos por dentro diez veces «no». Y eso también es un mérito suyo, entre muchos.

ANTI-MEXICO
Si hay un actor en Hollywood propagandista por excelencia es Stallone. Durante la Guerra Fría nos hizo odiar todo lo proveniente de la Unión Soviética, con Ivan Drago como bandera del mal, y hoy nos incita a detestar lo mexicano, cuando Donald Trump está a pleno con su kilométrico muro anti indocumentados. Es que en esta ocasión, un John Rambo casi retirado, tiene que cruzar la frontera para ir a rescatar a su sobrina de una red de prostitución azteca. Trámite menor si recordamos por lo que pasó en sus cuatro anteriores entregas, no olvidando que es un ex combatiente de Vietnam, quien -según el Coronel Trautman- es capaz de vencer él solo a un ejército con su cuchillo. Y aunque en esta ocasión los malos hablen en nuestro idioma, tampoco queremos que quede vivo ni uno solo. Somos rambonistas de ley. No hay objetividad en lo escrito.

Sin embargo, «Rambo: Last Blood», dirigida por Adrian Grunberg, no escatima en adrenalina. Ese sello inigualable del cine norteamericano de mostrar fotograma tras fotograma a velocidad videoclip para que la tensión llegue a niveles imposibles, se cumple desde el comienzo. Y cuando visualizamos que el protagonista prepara la batalla final, utilizamos la butaca de mordillo para no implosionar físicamente.

Otro punto alto del filme es la participación de Oscar Jaenada como uno de los jefes mexicanos. Sí, el «padre» de Luis Miguel en la serie de Netflix retorna a la maldad, con la diferencia de que en lugar de hacer enojar al Rey Sol se las ve con John James Rambo. Su suerte está echada.


«Rambo: Last Blood» es, en principio, el quinto y último capítulo de una paradigmática película nacida en el año 1982 y que tuvo sus secuelas en años discontinuos. Un Stallone genuino, ese que le da a sus fans lo que pretenden y que les da de comer a quienes lo detestan con los argumentos más nutritivos. Ese que nunca funcionó en cine pero que es un abonado a paralizar cualquier zapping furioso. Ese que nunca va a ganar un Oscar a Mejor actor pero que le dio al cine más de lo que le dieron muchos de los que sí ganaron.

 

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